domingo, 4 de diciembre de 2016

La ternura de la abuela Pura



Dedicado a mi querida Leire por recordarme que cada día hay motivos para sonreír. Besines.

Cuentos a la luz de los valores

La ternura de mi abuela Pura

Mi abuela Pura es la caña. Cada vez que voy a visitarla siempre está igual: junto al hogar entre pucheros, con su moño canoso bien alto y con su delantal de cuadritos blancos y negros. Me da un abrazo muy fuerte muy fuerte y me pellizca la mejilla.
Yo la quiero mucho porque me da peladillas y me cuenta cuentos.
Yo sé que a veces está triste porque su cara, de normal es como la luna, y entonces es como si el cielo estuviera nublado. Debe ser que piensa en el abuelo Fermín que subió al cielo hace años. Yo no había nacido aún, así que no le conocí.
Me encanta mi abuela Pura, con sus dichos y consejos. Me dice que aprenda mucho para ser algo el día de mañana y yo le digo que así lo haré aunque no la entienda mucho. A mí lo que más me importa es estar con ella.
Mi abuelita Pura me habló un día de su gato Cenizo y me dijo que se perdió y que ella lo pasó muy mal porque no volvía. Pensó que algún gamberro lo habría destripado sin razón. Me dijo que lo anduvo buscando por el corral y las eras y que al final lo encontró con otros gatos. Supo, vaya usted a saber cómo, que se iba a servir a la Reina de Corazones por lo que viviría mejor que con ella, así que le dejó marchar.
Y otro día que se encontró con un cochinillo cojo. Estaba muy flacucho. Ella, aunque siempre fue pobre, lo cogió para curarlo. Mientras el cochinillo pudo estar con ella siempre la seguía a todas partes, incluso cuando entraban al gallinero para recoger los huevos recién puestos. El cochinillo no les hacía nada a las gallinas, sólo acompañaba a la abuelita. Luego el cochinillo se hizo grande y lo convirtieron en chorizos y morcillas y salchichones.
Y lo ricos que son sus guisos. A mami no se le da mal tampoco eso de cocinar, pero hasta que le salgan como a ella falta mucho. Me chupo los dedos con sus pechugas de pollo o con sus macarrones con atún o con sus patatas fritas. Ummmm, se me hace la boca agua.
Les cuento todo esto porque resulta que me he decidido escribirle la carta a Papá Noel pensando en ella. Me pregunto qué regalos querría que le trajese. Es difícil. Ella nunca pide nada. Aunque igual si le trajera un corazón nuevo no le iría mal. Es que mami me dice que está malita y que su corazón está viejo. No sé. Yo le dije un día de regalarle mi muñeca de trenzas pero me dijo que ella ya tenía la mejor muñeca del mundo, no tengo ni idea de cuál será, yo nunca se la he visto.
Igual Papá Noel me hace caso si le pido eso del corazón nuevo. Estaría chupi rechupi. Bueno, se lo pediré a ver qué pasa. Y si no se lo trae… ya le daré yo alguno de los regalos que me traiga a mí, igual el coche teledirigido o el juego de las gemelas.
Estoy contenta. Mami me ha dicho que la abuelita vendrá a pasar con nosotros la Navidad. Ojalá venga para ver mi actuación en el cole. Es que voy a hacer de corderito y si está ella me saldrá mejor.
Ay, mi abuelita Pura, cuánto la quiero, es tan tierna… parece un peluche grande. La quiero tanto que por estar más tiempo con ella hasta haría lo posible por aprobar las mates, que es lo que peor se me da.
Me voyh que ya llaman a la puerta. Sé que es ella que viene ya, qué ilu.
    

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