domingo, 8 de enero de 2017

Busco

Busco

Busco en el mar,
Las caricias que tú no me quieres dar.
Las yemas de tus dedos, las olas;
La suavidad de tu piel, su espuma.

Busco en la flor,
De tus labios su sabor.
Los pétalos de sus pliegues, mi fervor;
Las espinas de sus rechazos, mi dolor.


Busco en el cielo,
La estrella que alumbra tu sueño.
Los rizos de la luna, tu pelo;
Mi Vía Láctea, tu anhelo.

Busco en la espesura,
La senda de tu cintura.
Me pierde su bravura,
Me encuentro en tu dulzura.

Busco en el mar y en la flor,
En la espesura y en el cielo.
Busco tu mano
Para no perderme en el laberinto del amor.

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La escarcha

#Imagen del día. Paz y bien, feliz domingo. La imagen de hoy representa a los tejados de las casas cubiertos con el manto de la escarcha, de uno de ellos sale humo de la chimenea, el cielo aún no es claro del todo pues está amaneciendo. Al lado también la escarcha está presente, pero en este caso es en forma del azúcar que cubre las frutas de una bandeja. A todo ello le acompaña el siguiente texto: "Puede ser lo mismo, pero depende de los ingredientes con que se haga producirá un resultado u otro. Que tu risa sea escarcha dulce y no gélida." Un apretaíno abrazo, nunca te rindas, quiero ser azúcar para tus amaneceres fríos.

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sábado, 7 de enero de 2017

El tesoro

La frase. Feliz sábado. "Abro mi libro, aquél que me trajeron el dí 1 y comienzo a escribir. Cada sábado en una página la frase de la semana y el dibujo con que acompañarla.  "Ser acogido es el tesoro, ser abrazado la joya, ser concernido la llave." El dibujo de un cofre repleto de monedas y una llave rústica en punta. Tu abrazo, mi tesoro; tu sonrisa, mi brazalete; tu felicidad, mi llave.  El próximo sábado pasamos de página.


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viernes, 6 de enero de 2017

Un acto de egoísmo

Un acto de egoísmo

¿No te lo crees? Mientras ayer tarde, quién más quién menos, pensaba y actuaba bajo el signo de la generosidad, el Albertito, se ve que por aquello de llevar la contraria, participaba de un acto egoísta. Y es que dedicar tu tiempo para hacer felices a los demás no deja de tener una componente egoísta al recibir mucho más de lo que entregas para sembrar felicidad e ilusión.
Así que el Albertito, de la mano de un grupo de personas locas como él, tanto como para creer en las utopías, se acercó a la residencia de ancianos que las hermanitas de los desamparados tienen en Carabanchel Alto, para acompañar a los Reyes Magos y sus respectivos pajes, en la entrega de regalos a los 200 residentes que la habitan, cuidados con el amor y la sencillez del auténtico Jesús.
Ir hasta allí en Metro, que no estaba la ciudad para que vinieran a buscarme en coche, recorriendo unas estaciones ignotas, saber que me esperaban a la salida, llegar al lugar y poner los sentidos a trabajar:
La memoria y la atención para retener las voces y nombres de las personas que me presentaban, y los detalles de lo que se me describía para que yo viera la belleza de los trajes y belenes que engalanaban todo el entorno.
La imaginación para visualizar los rostros emocionados y de paz.
El oído para escuchar los sonidos de la música de villancicos, pero también alguna palabra "hiperemocionada" de sorpresa o gratitud.
La sensibilidad para sentir la magia que había detrás de lo aparente, una magia que no pudo por menos, por contraposición, que evocarme al horror de muerte y desolación que percibí en Aüswitz y cómo en cambio aquí percibía, siquiera por unas horas, Vida, esperanza y futuro. ¿Absurda paradoja sentir la Vida entre personas ancianas? Puede, pero así es la magia que surge de la entrega y la bondad.
Las manos, para recibir el calor de quien me cogía para guiarme o para desearme felicidad en este año o para quien me trajo una pasta de las monjas, un vaso para brindar, que suene que suene, o el llavero y la chapita con la Virgen de la Misericordia.
Y, por qué no, la vista,que se alegraba, viendo con el corazón, la belleza de tanto colorido en los trajes, las miradas y las escenas representadas.
No, no hice nada. Tan solo estuve. Imaginé, sí… a un Albertito anciano, ciego y solitario, alojado en aquella, u otra residencia, al que le anunciaban su nombre porque también él le habría dictado su carta y al que, esa vez sí, recibía su regalo con su envoltorio y su lazo incluidos.
Fue bonito, sí; emotivo, sí; alentador, sí. Y el Albertito estuvo allí, en el colofón de un proyecto loco puesto en marcha dos meses atrás por Fernando De Oyarbide y que llevó regalos por valor de 13.500€ a 330 residentes en los madrileños hogares de las hermanitas de los desamparados.
No, no quise ser protagonista, tan solo quise estar atrás, saber que alguien estaba recibiendo un perfume por mediación mía, qué importa quién si le hizo ilusión. Tal vez…
Volví a casa. No había regalos en ella. No podía haberlos porque estaban dentro de mí, en mi alma. Había tocado la capa de armiño de Gaspar y la melena de Melchor, ¿o era la de Juani?e

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La imagen del día

#Imagen del día. Feliz día de Reyes, feliz viernes, porque si la noche fue mágica el día no lo será menos. La imagen de hoy representa a una anciana emocionada junto a la monjita que la cuida. Encima de ellas, a una estrella brillante, se asoman un grupo de personas transformados por arte de la magia de la fe, en Reyes Magos y pajes. A todo ello le acompaña el siguiente texto: "Es mágico sentir que hay vida allá donde pudiera parecer que sólo puede haber preludios de muerte." Un abrazo apretaíno, nunca te rindas, tu magia hace de mis muertes, destellos de Vida.


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jueves, 5 de enero de 2017

Mi carta a los Reyes Magos, 2017

Comparto la carta que escribí el pasado 20 de diciembre a los Reyes Magos. Espero te guste y mandes energía buena para que se vea cumplida.  Jesús Alberto Gil Pardo  Madrid, 20 de diciembre de 2016  Queridos Reyes Magos Melchor, Gaspar y Baltasar: Os escribo hoy aunque no pensaba hacerlo hasta ese día en que vosotros estáis ocupados repartiendo regalos y yo me suelo encontrar solo aquí, junto al ordenador, en mi madrileña casa. En esta habitación que es mi ventana al mundo de las letras, la magia y los sueños. Sí, los 5 de enero ha pasado así, aunque no siempre, claro. Dicen que no estoy solo, que mucha gente me quiere, pero… vosotros bien sabéis que muchas veces es verdad que sí lo estoy. Vaya novedad, ¿verdad? ¿Qué os puedo pedir, entonces? Que el día 5 esta vez no esté solo, que pueda encontrarme siendo vuestro paje de alguna persona mayor que con eso sea feliz. Que sirva de fuente de la ilusión cada día con mis motivos para sonreír, mis imágenes de palabras y mis pequeñas acciones. Que, aunque sea una vez cada cierto tiempo alguien me diga: “Albertito, ven con nosotros que vamos a compartir un rato de tus sueños.”   Que encuentre nuevos caminos para recorrerlos de la mano de la sensibilidad y con la compañía de gentes buenas. Que, ¿por qué no? Reciba un regalo sencillo pero bonito, símbolo de la grandeza de quien me lo entregue. Quizá… una planta artificial pero muy bonita, o un bono para visitar algún lugar de ésos que a mí tanto me gustan, con su Historia y sus historias, su encanto y su poder evocador o un abrazo apretaíno de verdad, no sólo virtual.. No, no os voy a pedir ni una cámara de fotos _que las fotos las hago mediante el teleobjetivo de la imaginación_ ni un mapamundi _que para viajar, acariciando ya me vale_ ni siquiera el mar _que para navegar por él me apaño con buscar una melena en la que sumergirme_. No seré original si os pido salud y paz para cuantas más personas, mejor. Pero sobre todo para quienes me dedican su tiempo y pensamientos, que por eso han de tener enchufe. Pedir puede pedirse mucho, pero es que me da apuro pedir. Me gusta más dar aunque ni sea Rockefelerd Millonetis ni tenga pinta de hada. Ya lo sabéis: me gusta mirar a los ojos y transmitir esperanza, me gusta sembrar Vida, me gusta pellizcar los corazones, sí eso que alguien dijo… “¡jooooo, Albertito!” Ya me despido, queridos míos. Me despido ofreciéndoos constancia y esfuerzo, una copita de vino bueno, un plato repleto de un surtido rico, un frufrú de aroma a jazmín y una caricia entregada. Que no dejéis que se olviden de vosotros las almas sensibles, que sigáis llegando hasta el más pobre.  Albertito P.D.: mis ojos ciegos buscan las estrellas en la sonrisa de los niños. P.D.: mis manos hambrientas se sacian en las mejillas de las mujeres que se dejan ver para mí. P.D.: Mi felicidad se prende en las ascuas de quien sonríe gracias a lo que hago. Vale.

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miércoles, 4 de enero de 2017

Homenaje a Louis Braille



A continuación comparto mi sencillo, pero sentido, homenaje al maestro francés que hoy cumpliría 208 años. Con cariño.
Por su ejemplo y legado, que permanezca siempre viva su memoria.

El duende tras las palabras

Me asomo al hueco de mi árbol. Soy curioso por naturaleza. Me gusta agazaparme y observar lo que sucede en mi bosque de robles milenarios.
Por él he visto transitar a caballeros dirigiéndose a la guerra, a esforzados leñadores en busca del tronco mejor con el que calentar sus cabañas, a doncellas que, de manera furtiva, buscaban encontrarse con apuestos galanes.
Y es que por mi condición, la vida es eterna en mis días. Años y lustros y siglos cuentan los humanos, mientras yo, y los de mi raza, permanecemos incólumes a los ciclos del tiempo.
Me asomo, sí, otro instante más. No sé qué encontraré. Puede que un cervatillo huyendo de sus perseguidores o una alondra cantando a la aurora o, en fin, algún desconocido visitante.
Es hermoso mi bosque, fértil y acogedor. Las hojas y raíces lo alfombran de mullido suelo, el azul claro celeste lo cubre cuando no, el arco iris o la capa de estrellas lo reviste de mágico fulgor.
Ya lo veo a lo lejos. Se acercan. Es una pareja. No sé, que últimamente se me nubla cada vez más la vista, si son dos enamorados o un padre con su hijo. Lo que sí distingo bien es que uno, o una, va cogido del brazo del otro. Ojalá tenga suerte y se detengan en el tronco cercano, sí, ése que lleva ahí al lado desde siempre, tupido de musgo, cómodo asiento. Sí, sí; se van a sentar.
 -Papá, cuéntame otra vez la historia de aquel niño que llegó a ser organista y profesor de su cole, aunque, como yo, fuera ciego.
Ah, qué novedad. Me gustan las historias que cuentan los humanos mayores a sus retoños. Me gusta, me gusta. Y dice el padre a la chiquilla que hubo una vez en la lejana Francia quien a base de puntos creó un alfabeto, qué cosas. Cómo sería eso. Aquí lo único que leemos son los mensajes de la brisa escritos en las hojas secas de los árboles, traídas por mensajeras palomas.
-Papi, déjame otra vez que acaricie los puntos del cuento que me regalaste el otro día, qué chulo es. Me gustó mucho aunque tendré que trabajar mucho para leerlo con mis manitas.
Un cuento, qué bien. Me chiflan los cuentos y las historias. Yo me las aprendo y luego las narro en las asambleas de duendes. Seguro que en ese cuento habrá un palacio y una bruja y un lobo y un hechizo.
-¿Sabes, Lucía? Dejaremos tu cuento en el hueco de este tronco y cuando sepas leer bien braille vendremos en su busca y serás tú entonces quien me lo lea. ¿Te parece bien la idea?
-Chupi. Así tendremos una excusa para volver a este lugar tan chulo. Qué bien se está, huele genial, los sonidos son como de terciopelo.
Ya se van, ya cae la tarde. Jejejej. En cuanto se haga de noche me colaré por los pliegues del tronco y cogeré el cuento. Luego, ya me pensaré si lo devuelvo o me lo quedo juajuajua.
Las hojas son gruesas, los puntos, finos. Tenía razón la niña, hacen cosquillas. ¿Qué dirán? Tendré que hacer magia para averiguarlo.
-Eh, tú. No hagas trampas.
-Calla, bruja malvada. Dedícate a lo tuyo, que como me enfade verás lo que es bueno. Te quitaré la manzana con la que engañas a Blanca Nieves.
-Duende del demonio. Carapedo. Como te pille…
A ver, a ver qué pone aquí. Uy…
Me asomo al hueco de mi árbol. Soy curioso por naturaleza. Me gusta agazaparme y observar lo que sucede en mi bosque de robles milenarios..
Pero si es mi historia. Claro, una historia de un duende y su roble, qué otra cosa podía haber, si no, detrás de algo tan bonito como son estos puntos.
Bien, bien. Devolveré el cuento al tronco y esperaré a que Lucía venga a leérselo a su padre. Me gustará escucharla y ver cómo pasa sus manitas por esos puntos. Sí, me gustará porque lo que, en realidad hará, es pasarlas por mí.
-Papi… ¿será verdad lo que dice el cuento? Me gustaría preguntárselo a él.
-Hija, si lees mucho y aprendes a jugar con la imaginación, podrás preguntárselo y más aún, las estrellas serán amiguitas tuyas y el sol dejará que sus rayos sean tu corona y muchas más cosas.





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domingo, 4 de diciembre de 2016

La ternura de la abuela Pura



Dedicado a mi querida Leire por recordarme que cada día hay motivos para sonreír. Besines.

Cuentos a la luz de los valores

La ternura de mi abuela Pura

Mi abuela Pura es la caña. Cada vez que voy a visitarla siempre está igual: junto al hogar entre pucheros, con su moño canoso bien alto y con su delantal de cuadritos blancos y negros. Me da un abrazo muy fuerte muy fuerte y me pellizca la mejilla.
Yo la quiero mucho porque me da peladillas y me cuenta cuentos.
Yo sé que a veces está triste porque su cara, de normal es como la luna, y entonces es como si el cielo estuviera nublado. Debe ser que piensa en el abuelo Fermín que subió al cielo hace años. Yo no había nacido aún, así que no le conocí.
Me encanta mi abuela Pura, con sus dichos y consejos. Me dice que aprenda mucho para ser algo el día de mañana y yo le digo que así lo haré aunque no la entienda mucho. A mí lo que más me importa es estar con ella.
Mi abuelita Pura me habló un día de su gato Cenizo y me dijo que se perdió y que ella lo pasó muy mal porque no volvía. Pensó que algún gamberro lo habría destripado sin razón. Me dijo que lo anduvo buscando por el corral y las eras y que al final lo encontró con otros gatos. Supo, vaya usted a saber cómo, que se iba a servir a la Reina de Corazones por lo que viviría mejor que con ella, así que le dejó marchar.
Y otro día que se encontró con un cochinillo cojo. Estaba muy flacucho. Ella, aunque siempre fue pobre, lo cogió para curarlo. Mientras el cochinillo pudo estar con ella siempre la seguía a todas partes, incluso cuando entraban al gallinero para recoger los huevos recién puestos. El cochinillo no les hacía nada a las gallinas, sólo acompañaba a la abuelita. Luego el cochinillo se hizo grande y lo convirtieron en chorizos y morcillas y salchichones.
Y lo ricos que son sus guisos. A mami no se le da mal tampoco eso de cocinar, pero hasta que le salgan como a ella falta mucho. Me chupo los dedos con sus pechugas de pollo o con sus macarrones con atún o con sus patatas fritas. Ummmm, se me hace la boca agua.
Les cuento todo esto porque resulta que me he decidido escribirle la carta a Papá Noel pensando en ella. Me pregunto qué regalos querría que le trajese. Es difícil. Ella nunca pide nada. Aunque igual si le trajera un corazón nuevo no le iría mal. Es que mami me dice que está malita y que su corazón está viejo. No sé. Yo le dije un día de regalarle mi muñeca de trenzas pero me dijo que ella ya tenía la mejor muñeca del mundo, no tengo ni idea de cuál será, yo nunca se la he visto.
Igual Papá Noel me hace caso si le pido eso del corazón nuevo. Estaría chupi rechupi. Bueno, se lo pediré a ver qué pasa. Y si no se lo trae… ya le daré yo alguno de los regalos que me traiga a mí, igual el coche teledirigido o el juego de las gemelas.
Estoy contenta. Mami me ha dicho que la abuelita vendrá a pasar con nosotros la Navidad. Ojalá venga para ver mi actuación en el cole. Es que voy a hacer de corderito y si está ella me saldrá mejor.
Ay, mi abuelita Pura, cuánto la quiero, es tan tierna… parece un peluche grande. La quiero tanto que por estar más tiempo con ella hasta haría lo posible por aprobar las mates, que es lo que peor se me da.
Me voyh que ya llaman a la puerta. Sé que es ella que viene ya, qué ilu.
    

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domingo, 27 de noviembre de 2016

El encuentro del Café Novelti



Dedico mi cuento dominical a Mercedes Reinosa por querer visitar Salamanca no sólo mirándola a través de la vista, si no contemplándola con todos los sentidos. Gracias por su amistad y comprensión.

El encuentro del Café Novelti

El viajero solitario camina por las sobrias calles de la ciudad del Tormes. Busca la musa que le inspire en su ceguera de escritor perdido. Muchos son los lugares recorridos, pocos en los que se ha sentido pleno de luz creativa. Intuye que esta vez sí lo va a conseguir, que volverá a encontrarse con aquélla que mueva sus dedos por la sensual y tentadora piel de la Literatura. No sabe, busca, persigue sin descanso una luz que él sabe bien, vedada para siempre. Desemboca en la Plaza Mayor, recorre despacio sus soportales.
-anda, Mercedes. Vamos a hacer una paradita en ese café tan chulo, que tanta Cultura da mucha sed. No veas cómo tengo los pies de patear esta ciudad. Que sí, que está genial pero que ya no doy más de sí.
-Hija, Ana, si queremos ver cosas, habremos de caminar. Pero, sí; entremos en ese café de tanta Historia e historias como es el Novelti. Es uno de los sitios que marqué en la guía como imprescindibles. ¿Sabes que fue inaugurado en 1905 y que es uno de los más antiguos de España?
El viajero franquea las puertas del Novelti. Recuerda que allí tuvieron asiento insignes como Unamuno, Ortega y Gasset, Martín Gaite  o Torrente Ballester; que fue allí donde nacería Radio Nacional y que las tertulias literarias alcanzarían categoría de magno acontecimiento. Mesas de mármol, sillones de piel, decoración suntuosa, consumiciones bien servidas. Se sentará allí y escuchará. Qué otra cosa habrá de hacer. Lo suyo es escuchar, observar, soñar, escribir. Solitario siempre, viajero que nunca termina de encontrar su Ítaca o acaso es que no exista para él, como tampoco la Penélope que tanto ansía conocer..
-Ufff, qué chulo es todo esto, Ana. ¿Te imaginas? ¿Te imaginas que nosotras fuéramos escritoras. Abriríamos un cuaderno en blanco y con la pluma trazaríamos letras al aire.
-Yo ahora lo único que me imagino es una cerveza bien fría.
-En ese cuaderno escribiríamos la historia de un valiente príncipe que simula ser mendigo y una cautiva mora de ojos negros como la noche y voz sensual como de madrugada.
El viajero se ha sentado en una de las mesas del fondo. Pedirá un café solo, solo como él y se pondrá a contemplar, oído en ristre. No lejos de donde él se encuentra, las voces de dos mujeres conversan animadas. De entre el resto, son ellas las que más le llamarán la atención. ¿Tal vez por la discordancia de la una y la otra? ¿Acaso por lo prometedor de lo que transmite una de ellas? Sí, ésa que fabula un cuento de príncipes valientes y moras cautivas tan cercano a las leyendas románticas de su siglo predilecto.
¿Cómo serán ellas? ¿De qué color serán sus ojos? ¿Y su melena? Vestirán de manera informal, no en vano son turistas, o igual no, igual son salmantinas, qué sabe él.
-Buenas tardes, señoritas, ¿me dejan que les recite un poema de pícaro estudiante?
El viajero solitario escucha y sonríe. Otro pedigüeño más. A él, igual, al momento de entrar en la Plaza Mayor también se le acercó otra poeta ofreciéndole la misma mercancía. Se ve que lo tienen bien organizado: a ellas, un galante letrista de capa y sombrero; a ellos, una damisela de saya y escote picarescos.
-No estamos para poemas ni para nada. Por cierto, vaya rollo eso de la Cueva. Mucho hablar del demonio y de sus clases y nada de nada. Humedad, muchas escaleras y angostos pasillos. Lo que sí me ha gustado es el Jardín de Calixto y Melibea.
-Bueno, Ana. Ya sabemos que a ti te va más la naturaleza, pero no me digas que no hay aquí materia de inspiración literaria. Y que no se te olvide el bueno del Lazarillo.
El pedigüeño pasa de largo, una vez que les ha dejado un pliego con un poema. Luego regresará, bien a recogerlo o bien a cobrarse alguna moneda a cambio.
 -Vaya, se me ha olvidado cómo seguía nuestro cuento del príncipe y la mora. Claro, tú ni idea, seguro.
-¿Yo? Ni idea. Ya sabes que a mí me interesan más las historias policiacas de intriga. Los amores y lo exótico te lo dejo a ti. Mira que nos llevamos bien y que viajamos juntas por tantos sitios, pero qué distintas somos.
-Disculpen… ¿qué les parece si hacemos que el príncipe salte desde el puente al río que da acceso a la mazmorra en que está cautiva la mora?
.-Ah, podría ser. Muchas gracias, señor.
-Espero no molestarlas, pero… no he podido por menos que interesarme por su cuento.
-No es molestia. Seguro que a usted también le habrá distraído el tipo ése de los poemas.
-Ah, no. A mí, no. Creo que sólo se pasa por las mesas en que hay señoras. ¿Son ustedes de aquí?
-No, hemos venido a conocer Salamanca. Pero siéntese. ¿Me querrá ayudar a ponerle fin al cuento? Mientras tanto mi amiga Ana descansa.
-¿Qué final le gustaría ponerle? Lo fácil es el clásico rescate y amor eterno. Otro podría ser más atrevido… la mora es una bruja que encanta a todos los que quieren liberarla y los convierte en piedra…
-jajajajja. Sí sí, eso me gusta.
-Ana, qué poco romántica eres. A mí me gusta que los cuentos accaben bien. ¿Y a usted?
-Bueno, me gustaría poder decir lo mismo, aunque por desgracia lo normal es que acaben mal. Si esto que ahora nos está ocurriendo fuera un cuento, puede que lo deseable es que acabara en un flechazo entre alguna de ustedes y yo, pero lo que sucederá es que ustedes se marcharán por su camino y yo por el mío. Así son los cuentos.
-¿Así? O a lo mejor no. Usted me enseña a buscarles finales a mis cuentos y yo a encontrar principios a los romances.
-Ah. No está mal, no está mal.
-Uy uy uy, cómo se pone la cosa.
-Bah, no se crean. Total, es solo un cuento. Miren, ya vuelve el poeta. ¿Qué le van a decir?
-Que se meta el poema por donde le quepa.
-jajajjajaja. Un poema que quema no es poema si no compone zalema.
El viajero sabe que los cuentos, cuentos son. Pronto pondrá una excusa y dirá que le esperan. Dejará a las dos amigas, aceptará la invitación al café y partirá de nuevo.
-Qué simpático ese señor. Es raro. No sé, me ha dejado perpleja.
-Ay, ay. Qué cosas tiene la Literatura. Anda, vamos a seguir visitando la ciudad. Que si no me dirás que vaya sosa que soy. Saca la guía y…
¿Y si…? ¿Y si por una vez los cuentos acabaran bien? Qué sabe el viajero solitario. Una mujer con aires de mora saldrá a su encuentro, ¿qué le dirá? ¿Qué hará con él?




  

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martes, 22 de noviembre de 2016

Presentación de La partida de cartas y otras historias de la Vieja Dama



Como todo en la vida, se prepara, se espera, se disfruta y se recuerda.
Así es. La presentación de mi tercer libro llegó y queda ya para el recuerdo, una vez pasada y preparada con tanta ilusión como la primera.
A las presentaciones de Huellas de Luz aquel 3 de julio de 2012 y de Mis pequeñas odiseas ese otro 12 de diciembre de 2014, se suma ahora la del 17 de noviembre de este 2016.
Cada una de ellas en lugares distintos, Madrid, Zaragoza y Barcelona; cada una de ellas igual de emocionantes y cargadas de sentimientos.
En concreto, la que ahora nos ocupa  tuvo lugar en el Casal Can travi, del barcelonés barrio de Vall d’Hebron y en ella participaron Mercedes Pajarón, Presidenta de la Asociación Cultural Cau Artistic, como editores del libro; Marilén Barceló, doctora en Psicología; y el grupo musical Shazam, que amenizaron el acto con un conjunto de canciones melódicas de los años 60 y 70.
Se hizo mención a los detalles del libro y cómo se han cuidado al máximo con la cubierta que presenta un relieve de una de las cartas de la baraja francesa, el tipo de letra y su contraste con el papel, la corrección ortográfica, etc. Se analizaron los relatos para concluir que el libro es un tanto provocador al querer hacer un canto a la Vida a partir de la presencia constante de la Muerte, de tal manera que nos invita a jugar esa partida que, aun sabiendo tenemos perdida de antemano, la peleemos y disfrutemos a cada momento.
Por mi parte, quise reconocer mi admiración por la literatura del siglo XIX y por esa apuesta clara y apasionada en que hemos de jugar la citada partida, además de resaltar la especial relación que, desde siempre, me ha unido y continúa uniendo, a la capital catalana, una ciudad con tantas connotaciones literarias, además.
Al día siguiente, como complemento a la cita del jueves, participé en un estupendo coloquio en la sede de la ONCE. En él se puso de manifiesto la importancia de la lectura, especialmente a través del braille, de aquello que mueve a escribir y del papel tan necesario que deben jugar las editoriales modestas que apuestan por la calidad con realismo y entusiasmo, como es el caso de Cau Artistic.
Se me pidió que resumiera en tres conceptos lo que me gustaría que se llevaran los asistentes. No lo dudé: disfrutar de la Vida con ilusión y plenitud, hacer de la lectura una fiel compañera de nuestro viaje vital y poner el fuego de la pasión en todo cuanto hacemos.
Destacaré, además, la magnífica dramatización que Mercedes llevó a cabo de uno de los textos al responder a la petición de una de las personas ciegas que asistió al coloquio de la ONCE. Leído por ella, el relato cobró una dimensión increíblemente vibrante.
Más allá de los 30 ejemplares vendidos y de las personas que me acompañaron, me quedo una vez más con lo que para mí son las puestas de largo de mis libros: momentos para disfrutar en compañía de esa pasión mía por la literatura y ser motivo de celebración festiva de esta lucha quimérica que me mueve a aportar luz, generosidad y sonrisas.
Pero es que a todo ello, sumo otros inolvidables momentos que han envuelto ese regalo con mucha emoción y gratitud: el que mi cuñada me acompañase, el que tanta gente se volcara para que todo saliera bien y a tiempo (incluso atravesando la ciudad en hora punta salvando el tráfico), el reencontrarme con mi querida Marta, a la que la enfermedad no amilana a pesar de todo y con la que recuperamos momentos felices de complicidad, la magnífica acogida de mis compañeras y compañeros del Servicio bibliográfico.
Pero,claro, a las emociones y sentimientos, ha de alimentárseles con unas buenas dosis de ricos platos gastronómicos en entornos tan estupendos como el asador Casa Aranda modernista o el moderno Abrásame en el Centro Comercial Las Arenas.
Pasear de nuevo junto al mar del Maresme y escuchar su majestuoso sonido, igual que recorrer calles como el Paseo de Gracia o el de San Juan y la Avenida Valencia y descubrir establecimientos únicos como la floristería Navarro o la Casa Amatller. Sin que dejáramos, faltaría más, de visitar la Sagrada Familia por mucho que no me dejaran subir a la torre, no fuera a ser que el cieguito recuperara la vista desde las alturas y tuviera algún problemilla. Claro que… también pude haberla recuperado con la fastuosa tarta de zanahoria que hizo de postre en Pirineu en Boca. Pero nada de nada.
Recuerdos imborrables que me ayudan a vivir a pesar de que, como dije, cada vez que me despido de Barcelona muero un poco más.
Escucho el mar en la mañana de domingo con sonidos de paz y fuerza misteriosa.
Acaricio la piedra de construcciones del gran Gaudí soñando que se transforma en la piel de aquélla que debiera ser mi amada y musa, pero que es la Palabra.
Miro al horizonte de los ojos de las personas con que me cruzo mientras paseo y hablo, queriéndome perder por el laberinto de sus fantasías.
Huelo el aire y la brisa y la flor. Ellas me hablan de sueños y luz.
Sensaciones y recuerdos que quedan para siempre en una sinfonía de irrealidad fantasmagórica: una Dama, quién sabe si joven o vieja, guapa o fea; una carta que alguien me tiende. Qué sé yo lo que debo hacer. ¿Acaso volver a intentarlo? ¿Volver a atreverme? ¡Un nuevo libro! ¡Qué osadía! ¡Qué temeridad!

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